
Éste siempre consistía en que un acontecimiento extraordinario, sobrenatural, interrumpe la realidad cotidiana, normalmente en forma de criatura anómala, monstruosa, que viene a alterar las reglas de funcionamiento del mundo. Pero en el miedo que se nos muestra en Miedo es justamente lo contrario: es la ausencia de cualquier tipo de interrupción de la cotidianeidad. Nunca pasa nada. Nunca sucede nada que interrumpa lo obvio de la realidad, el curso predecible de nuevas vidas: trabajar, trabajar, trabajar...
Y mientras el desarrollo y conclusión del relato tradicional de miedo consiste en que el héroe protagonista neutraliza la amenaza, neutraliza la interrupción provocada por lo extraordinario y restaura lo cotidiano, en esta redefinición del género de terror el desarrollo y conclusión, aquello por lo cual se provoca la sensación de miedo, consiste en ver cómo el protagonista se convence de la imposibilidad de producir acontecimientos extraordinarios y liberadores que interrumpan esta realidad cotidiana que pesa sobre nosotros como una losa sepulcral.