martes, 1 de julio de 2008

Los valores que nos caracterizan

Recientemente se ha conocido que la ciudad de Barcelona es el escenario escogido para un videojuego de acción llamado Wheelman, en el cual, además de escenas violentas, aparecen conocidos monumentos de la ciudad que el jugador puede llegar a volar por los aires. La concejal de Educación del Ayuntamiento, una tal Montserrat Ballarín, ha calificado de "reprobable" que Barcelona sirva de marco virtual para actos violentos, ha añadido que el videojuego es contrario a "los valores que caracterizan a la ciudad" y ha anunciado un estudio jurídico sobre la posibilidad de tomar alguna medida legal.

Prevenido de esta manera, me he hecho el firme propósito de no jugar a este videojuego y tan sólo me cabe lamentar que esta costumbre de lanzar fatwas municipales llegue demasiado tarde y tal vez el daño para la ciudad sea ya irreparable. Me estoy refiriendo a la película Buttman in Barcelona (1997), cuya sinopsis reza así:
"When I arrive in Barcelona, of course my first excursion is to the back streets around the 'RAMBLAS'. In these ancient narrow streets there is an opening in "THE CRACK" that Hatman pops out of to join me in my adventure. It was a very exotic, very erotic trip. Enjoy!"
La película fue dirigida por John Stagliano (a.k.a. Buttman), una de las vacas sagradas del cine porno, y cuenta con la presencia del actor Rocco Siffredi. El film versa sobre sexo anal, que parece ser la obsesión de Buttman, y se inscribe en el llamado género gonzo que consiste en que el cámara, mientras filma, interviene también como actor dentro de la acción; algo así como si alguno de ustedes filmase con una videocámara sus propios coitos y luego los publicase en Youtube. Si están interesados en la película pueden ver más detalles aquí. Naturalmente, mientras el ayuntamiento no se pronuncie, y ante la sospecha de que esta película tampoco refleja los valores que nos caracterizan como ciudad, he decidido abstenerme de verla; si ustedes, queridos lectores, desean visionarla, allá ustedes con su conciencia.

Y la película Buttman in Barcelona no es más que un caso reciente. Pero la lista de obras de arte, literatura, cine y otras formas de creación que pueden ser nocivas para la proyección de nuestros valores debe ser interminable. Por añadir un solo ejemplo más, seguramente casi todos mis lectores habrán leído en la escuela Mecanoscrit del segon origen, de Manuel de Pedrolo. Recordemos brevemente el argumento: una invasión extraterrestre extermina a la humanidad salvo a una pareja de jovencitos. En algunos episodios de la novela éstos visitan la ciudad de Barcelona, una montaña de ruinas y de cadáveres. Estaría bien que nuestro ayuntamiento hiciera una declaración institucional dejando claro, para conocimiento de cualquier civilización extraterrestre que se lo esté planteando, que invadirnos y exterminarnos contradice los valores que representa esta ciudad, y por ello, caso de que lleven a cabo la invasión, que hagan con nosotros una excepción. La advertencia también sería válida para futuros escritores: si piensan redactar una novela sobre invasiones marcianas, por favor, no la ambienten en Barcelona, es reprobable y contradice nuestros valores.

El tema es tan preocupante que nuestro Ayuntamiento podría crear un departamento destinado a velar por la correcta proyección de nuestros valores en todo tipo de obras creativas ambientadas en Barcelona. La tarea es ardua pero necesaria: evitar que Barcelona sea escenario de videojuegos violentos, impedir que se ruede en sus calles películas que incluyan escenas racistas y sexistas, pedir a los escritores de novela negra que no incluyan asesinatos entre los casos investigados por su detective protagonista y que, si debe haber asesinato, al menos que éste tenga lugar fuera del término municipal de la ciudad, que lo sitúen en Hospitalet, por ejemplo. Si este proyecto funcionara, incluso podríamos enviar a Montserrat Ballarín a la ciudad de Nueva York, para explicarles el modelo Barcelona de difusión de los propios valores, y acabar con todas esas películas de asesinatos, violencia, catástrofes, corrupción policial, mafia, etc, que seguramente contradicen también los valores de los neoyorquinos.

En realidad lo que necesitamos es una figura de reconocida proyección internacional que nos represente genuinamente y que sirva de contrapeso a la mala imagen desplegada por Wheelman, por Buttman y por cualesquiera otros individuos de costumbres reprobables y contrarias a nuestros valores. Y creo que ese personaje es el arquitecto Antoni Gaudí. Sostengo que hay tres razones que avalan mi propuesta. La primera es que Gaudí ya es suficientemente conocido de por sí y el primer atractivo cultural de la ciudad. La segunda razón es que hay en marcha un proceso de beatificación que, cuando llegue a feliz término tras el descubrimiento de algún milagro atribuible a su intervención sobrenatural, acrecentará aún más la proyección internacional del personaje y de su obra que suponemos compatible con los valores que nos caracterizan y en las antípodas morales de mister Buttman. Y la tercera razón es que Gaudí es un genuino representante de nuestros valores más característicos y propios y los llevó a la práctica con singular perfección. El año 1922 Antoni Gaudí interpuso una demanda judicial de deshaucio contra Rosa Domingo Giol, masovera que llevaba 20 años viviendo y cuidando de las propiedades de la familia Gaudí en Riudoms (Tarragona). La masovera, que había quedado viuda, y sus dos hijos fueron expulsados, cosa que significó para ellos un periodo de "mucha miseria" según declaró años después una hija superviviente, Rosa Corts Domingo.

Este hecho convierte a Gaudí en exponente y prototipo de los valores que mejor caracterizan nuestra ciudad: la especulación inmobiliaria. A partir de ahora, nuestros propietarios y especuladores podrán iniciar acciones de acoso o mobbing inmobiliario contra viudas y pensionistas con la conciencia bien tranquila y la cabeza bien alta: Gaudí también lo hizo, y va para santo. Que no se quejen esos viejecitos que malviven en pisos ruinosos gracias a un alquiler de renta antigua cuando el propietario haga en su escalera obras de empeoramiento, o cuando envíe matones, o cuando meta a degenerados sociales para amargarles la vida: Antoni Gaudí dejó en la calle, y en la pobreza, a una viuda con hijos mientras en su mente trazaba los planos de la Sagrada Familia y acudía cada mañana a misa a la iglesia de Sant Felip Neri. Teniendo en cuenta que para consumar la beatificación se necesita acreditar un milagro, podemos sugerir a los especuladores que se encomienden a Gaudí cuando se vean apurados en sus negocios. Propietario: si tienes una finca medio arruinada en el centro de Barcelona que puedes dedicar a hotel y te lo impide una viejecita inquilina que se niega a morirse o a pasar sus últimos años durmiendo en un cajero automático, no desesperes: pon una vela a Gaudí y pídele desde el fondo de tu corazón su ayuda. Y si un buen día, de repente, esa viejecita aparece defenestrada, o se ha desnucado en esa escalera que hace años que no arreglas, no lo dudes: ha sido un milagro. Libre ya de cargas, podrás reconvertir tu finca en hotel y no te olvides de informar al obispado del prodigio obrado por intercesión de Gaudí.

Amén.

jueves, 26 de junio de 2008

martes, 17 de junio de 2008

El otro autor citado


ALEXANDER J. DOWIE: (Con violencia) Compañeros cristianos y antibloomistas, ese hombre llamado Bloom viene de las raíces del infierno, una deshonra para la cristiandad. Libertino demoníaco desde sus más tempranos años, este hediondo chivo de Mendes dio precoces señales de depravación infantil, que recordaban las ciudades de la llanura, con una anciana disoluta. Este vil hipócrita, endurecido en la infamia, es el toro blanco mencionado en el Apocalipsis. Adorador de la Mujer Escarlata, la intriga es el aire mismo que alientan sus narices. Los haces de leña de la pira y el caldero de agua hirviendo son para él. ¡Calibán!

LA MASA: ¡Linchadle! ¡Asadle! Es tan malo como Parnell. ¡Señor Zorro! (La abuela Grogan le tira el zapato a Bloom. Varios tenderos de la calle Dorset, alta y baja, tiran objetos de poco o ningún valor comercial, huesos de jamón, botes de leche condensada, coles invendibles, pan mohoso, colas de carnero, recortes de tocino.)

BLOOM: (Con excitación) Esta es locura de una noche de verano, alguna broma macabra, otra vez. ¡Por los cielos, soy tan inocente como la nieve no tocada por el sol! Fue mi hermano Henry. Es mi doble. Vive en Dolphin's Barn, número 2. La calumnia, esa víbora, me ha acusado erróneamente. Conciudadanos míos, sgenl inn ban bata coisde gan capall. Apelo a mi viejo amigo, Dr. Malachi Mulligan, especialista en sexología, para que preste testimonio médico a mi favor.

DR. MULLIGAN: (Con chaquetón de cuero y gafas verdes de automovilista en la frente) El Dr. Bloom es bisexualmente anormal. Se ha escapado recientemente del asilo particular del Dr. Eustace para caballeros con enfermedades mentales. Hijo espúreo, ofrece epilepsia hereditaria, consecuencia de la lujuria sin riendas. Se han descubierto entre sus antepasados huellas de elefantiasis. También hay un ambidextrismo latente. Está prematuramente calvo por vicios solitarios, y, en consecuencia, es pervertidamente idealista, libertino arrepentido, y tiene dientes metálicos. A consecuencia de un complejo de familia, ha perdido temporalmente la memoria y creo que se ha pecado contra él más de lo que él ha pecado. He practicado un examen pervaginal, y previa aplicación de reactivo ácido a 5.427 pelos anales, axilares, pectorales y púbicos le declaro virgo intacta. (Bloom se tapa los órganos genitales con su sombrero de alta calidad.)

DR. MADDEN: También hay una marcada hipospadia. En interés de las generaciones venideras, aconsejo que las partes afectadas se conserven en espíritu de vino en el Museo Teratológico Nacional.

DR. CROTTHERS: He examinado la orina del paciente. Es albuminoidea. La salivación es insuficiente, el reflejo patelar es intermitente.

DR. PUNCH COSTELLO: El fetor judaicus es muy perceptible.

DR. DIXON: (Leyendo un informe médico) El Pofesor Bloom es un ejemplo acabado del nuevo hombre femenil. Su naturaleza moral es sencilla y amable. Muchos le han encontrado hombre excelente, una gran persona. En conjunto, es un tío bastante raro, tímido pero no débil de mente en sentido médico. Ha escrito una carta realmente hermosa, un poema en sí misma, al delegado judicial de la Sociedad Protectora de Curas Arrepentidos, que lo pone todo en claro. Es prácticamente un abstemio total y puedo afirmar que duerme en yacija de paja y come el alimento más espartano, guisantes secos en frío. Lleva una camisa de pelo, invierno y verano, y se azota todos los sábados. Tengo entendido que durante algún tiempo estuvo en el reformatorio Glencree como delincuente de primera. Otro informe señala que fue hijo muy póstumo. Apelo a vuestra clemencia en nombre de la palabra más sagrada que nuestros órganos vocales hayan sido llamados jamás a pronunciar: Va a ser madre.

(Conmoción y compasión general. Hay mujeres que se desmayan. Un rico americano hace una colecta callejera a favor de Bloom. Rápidamente se recogen monedas de oro y plata, cheques bancarios, billetes, joyas, bonos del tesoro, letras de cambio a punto de vencer, pagarés, anillos matrimoniales, cadenas de reloj, medallones, collares y pulseras.)

BLOOM: ¡Ah, tengo tantos deseos de ser madre!

SEÑORA THORTON: (Con bata de enfermera) Abráceme fuerte. Sea valiente. Pronto habrá pasado. Fuerte, sin miedo.

(Bloom la abraza fuerte y da a luz ocho niños amarillos y blancos. Aparecen en una escalinata con alfombra roja adornada de plantas caras. Son todos muy guapos, con valiosas caras metálicas, bien formados, respetablemente vestidos y con buenos modales, hablando fluidamente cinco lenguas modernas e interesados en diversas artes y ciencias. Cada cual lleva su nombre estampado en letras bien legibles en la pechera de la camisa: Nasodoro, Goldfinger, Chrysóstomos, Maindorée, Silversmile, Silberselber, Vifargent, Panagyros. Inmediatamente son designados para puestos de alta responsabilidad pública en diversos países como directores técnicos de bancos, jefes de movimiento de compañías ferroviarias, presidentes de sociedades de responsabilidad limitada, vicepresidentes de cadenas hoteleras.)

UNA VOZ: Bloom, ¿eres el Mesías Ben Josef o Ben David?

BLOOM: (Oscuramente) Tú lo has dicho.



James Joyce: Ulises



Queridos lectores: aquí está la solución al enigma del post anterior. De los dos autores, Eduardo Mendoza (Sin noticias de Gurb) era fácil de averiguar. Reconozco que Joyce era un poco más difícil, pero sólo un poco. Pues al igual que yo hice la crónica del día que tuve el 31 de mayo de 2008, Ulises es la crónica de lo vivido el día 16 de junio de 1904 por el señor Leopold Bloom, de Dublín. Y cuando yo digo que tras la comida tuve un sueño en el cual, de entre la multitud, surge una voz que me proclama Mesías, ¿cómo no evocar el fragmento del capítulo 15 que he reproducido arriba?

En consecuencia, y con gran pesar, debo declarar desierto el premio prometido de un vermut. Otra vez será.

sábado, 7 de junio de 2008

Lo de compartir


Hace pocos días, un sindicato de la industria musical ha presentado una demanda contra el creador de una tecnología para compartir nuestra riqueza con los amigos a través de la red. Viendo el empeño que ponen algunos en que no tengamos amigos para preservar su negocio, creo importante insistir en este tema y me dispongo a narrar la crónica de la jornada "Compartir dóna gustet" del pasado 31 de mayo. Vamos allá.

09.00 Despierto y pongo en marcha el emule antes de salir de casa. Entro en el bar de la señora Mercedes y el señor Joaquín, donde me tomo una tortilla de berenjenas, dos rebanadas de pan con tomate, una caña de cerveza y un cortado mientras leo la prensa matutina: preocupados por la tibieza de nuestra adhesión al régimen, el ayuntamiento de Barcelona se gasta más de un millón de euros en publicidad para vendernos la imagen de la ciudad a los que la vemos cada día.

10.00 Tomo el metro. Tiempo despejado con ligeros vientos de componente sur; temperatura 15 grados; humedad relativa 56%, estado de la mar, llana.

10.30 Llego a Conservas. Té y pastas finas. Por no parecer descortés, desayuno por segunda vez. Tras apurar un vaso de té, me dispongo a probar lo que parece una infusión de tabaco, hasta que me explican que usan un vaso con agua como cenicero.

11.00 Internet y cultura libre. Unos expertos introducen brevemente el tema y luego nos dividimos en grupos de discusión. Me encargo de hacer de moderador de uno de ellos. Los expertos nos han lanzado la pregunta "Perquè compartir dóna gustet?" para que la respondamos. En mi grupo de discusión afirmo que la pregunta está mal planteada; la pregunta debería ser: "¿por qué tendríamos que dejar de compartir?" y no deberíamos contestarla nosotros, los que compartimos, sino los que se empeñan en que no lo hagamos. En nuestro grupo de discusión nos dedicamos básicamente a deconstruir la figura del autor. Los derechos de autor se sobreponen a la función social de la obra de arte por perversión económica y despreciando que la noción de comunidad es previa a todo autor. Se ha creado el mito del autor como un creador aislado que no tiene fuentes sociales de inspiración ni genera consecuencias con su obra que servirán de contexto a otros autores. Es más importante lo que genera la obra socialmente que la individualidad del autor. El caso de Jackson Pollock: tras su muerte alguien compró el loft que había usado como taller y anunció haber encontrado un cuadro suyo desconocido; los expertos, tras estudiarlo, lo valoraron en una elevada suma de dinero. El presunto descubridor anunció que en realidad era una falsificación, con lo que el cuadro pasó a no valer nada. ¿Qué era lo que tenía valor entonces, lo expresado en la tela, o la simple firma del autor? El pintor Barceló se ha inspirado en la vida de los africanos del Sahel para realizar sus telas sin que aquellas personas que han creado ese mundo reciban nada a cambio, pero nosotros no podemos hacer una foto de un cuadro de Barceló expuesto en un museo. Está fijado el número máximo de líneas que se puede citar de un texto académico sin violar el copyright. No se pueden fotocopiar libros aunque estén descatalogados y sea imposible comprarlos en las librerías. No dejan publicar artículos con copyleft en las revistas académicas. Determinadas técnicas de dinámica de grupo no se pueden poner en práctica si no estás autorizado para hacerlo por la empresa que las ha registrado. Picasso podía pintar la versión cubista de las Meninas de Velázquez sin preocuparse de los derechos de autor, y en cambio un cineasta no es libre para adaptar una novela al cine. El arquitecto Calatrava protesta porque el ayuntamiento de Bilbao retoca un puente suyo para hacerlo más seguro para los peatones. Y se intenta restringir el derecho a fotografiar el auditorio de Calatrava en Tenerife... desde la calle! Es un mundo surrealista y quieren hacerlo pasar por normal. Si se aplicara este absurdo a las Matemáticas o a la Física, el pensamiento científico-técnico dejaría de existir. Un matemático no tiene que pedir permiso para usar un resultado previo como demostración de sus propias teorías. Nadie de los presentes es capaz de decirme quién fue David Hilbert, matemático que floreció en la primera mitad del siglo XX; su obra constituye el aparato matemático de la Física Cuántica y por tanto Hilbert ha contribuido a configurar en gran medida nuestro mundo actual. Sin embargo, todos los presentes conocen a Picasso, no se sabe por qué.
¿Qué haremos cuando nos desconecten la ADSL por usar P2P? ¿Una huelga de conexión para presionar a las operadoras? Deberíamos construir redes autónomas, redes wifi independientes de las operadoras, y que nos permitan compartir sin la amenaza de la desconexión.

12.00 La hora del Angelus. Me recojo unos instantes en silencio y lo recito.

12.45 Vermut a cargo de Alf y Aleix: pinchos de salchicha, anchoas con pimientos y olivas, atún. Todo buenísimo. Temperatura: 20 grados centígrados; humedad relativa, 64%; vientos flojos de componente sur; estado de la mar, llana.

13.15 Alimentación. Los ponentes de este tema nos devuelven a la materia, recordándonos que, a pesar de píxeles y realidades virtuales, el cuerpo humano es una cosa que mea y echa pedos (con perdón). Para ilustrarlo eligen una historia concreta: cómo se produce la leche que bebemos. Todo empieza en Paraguay (o en Brasil, o en Bolivia), donde las tierras comunales con cultivos diversificados para el autoconsumo se están sustituyendo por el monocultivo de la soja, creando miles de desplazados que se convierten en pobres urbanos. La soja es el producto agrario más comercializado y el 92% de su producción se dedica al pienso de nuestras vacas. Si toda la soja que consumen estas vacas se cultivara aquí, la mitad del territorio catalán sería una interminable plantación de soja (y la otra mitad sería de maíz, y no quedaría sitio para nada más). Aquí, en los últimos años, el 75% de las explotaciones ganaderas han cerrado, y los que quedan, aunque propietarios de sus tierras, en la práctica son empleados de unas pocas transnacionales que controlan el suministro de semillas, piensos, y la comercialización posterior de la leche. Hay una gran concentración empresarial y muy pocos actores económicos controlan todo el proceso de producción y distribución. Se habla también de las patentes sobre la materia viva, las semillas sobre las que los campesinos han perdido el control pues están patentadas, la reducción de la biodiversidad, y la alternativa de las cooperativas de consumo.
En la discusión posterior planteo la siguiente cuestión: mientras en internet compartir es fácil, no requiere concienciación ni militancia y es una práctica generalizada, en cambio en el mundo de la alimentación sucede todo lo contrario. Sustraerse al modelo alimentario vigente requiere un laborioso proceso de concienciación, unas prácticas militantes, tener que tragar discusiones con puristas de toda calaña y las pocas cooperativas de consumo en funcionamiento no podrían absorber una demanda mayor en el caso de que estas prácticas se vulgarizaran y generalizasen. Aquí hay opiniones diversas, pero se admite que se requiere más motivación y mentalizarse en otro modelo alimentario, acostumbrarse a que en invierno no hay tomates y toca comer col a menudo. Se requiere un replanteamiento general de los hábitos de consumo y un mayor conocimiento del mundo. Para la mayoría de nosotros, el mundo de la alimentación está banalizado, nos limitamos a hacer dos gestos de extender el brazo en el súper y en la nevera e ignoramos la realidad de las grandes industrias agroalimentarias y el modelo de negocio y de vida que imponen aquí y en otros países: empiezas a tirar del hilo y puedes llegar a cuestionarlo todo a partir de una humilde col lombarda. Cuestionas incluso las luchas y resistencias que tienen lugar aquí: en Europa hubo mucho ruido cuando lo de las patentes de software, pero de las patentes sobre la vida, como afectan básicamente a campesinos pobres de fuera, no se ha dicho tanto.

15.00 Comida. El menú es un tanto macrobiótico, a pesar de lo cual no consigo sentir en mi cuerpo el equilibrio entre el ying y el yang, debe ser que no tengo fe. Temperatura 17 grados centígrados; humedad relativa, 62 por ciento; vientos flojos del sudoeste; estado de la mar, rizada.

16.00 Mientras un ecologista, fuera de programa, explica las virtudes de la espirulina, duermo la siesta. Sueño que me rodea una multitud de la cual se alza una voz que me proclama Mesías.

17.00 Espacio público. Unos antropólogos de la calle nos dan unas breves pinceladas. Entrar/salir, una actividad básica que delimita el dentro y el fuera, la casa y la calle. Merodeador, transeúnte, pasear el perro: actividad peripatética errática sin objetivo definido. Vida pública: interacción entre personas que no se conocen y establecen vínculos esporádicos de copresencia. El grupo de debate siguiente es más flojo que los dos anteriores. Tal vez se deba al cansancio, pero también a que los antropólogos han sido excesivamente académicos y no han acertado con un tono más, ¿cómo diría? burbujeante. Así que el grupo de debate en el que estoy queda más como recopilación de anécdotas. Hay turistas en el barrio gótico que preguntan a qué hora cierra el barrio, creen que es un parque temático. En las Ramblas hay dos ejes de circulación: los turistas siguen el eje longitudinal, mientras que los nativos atraviesan transversalmente. Hay una obsesión por controlar los vacíos urbanos, los intersticios entre las construcciones, el espacio difuso, con tal de asegurar y adornar la oferta inmobiliaria. No quieren dejar el más mínimo espacio sin controlar, hasta el punto de que un descampado parece subversivo y problemático. Llevamos treinta años de despolitización. Usar la calle es la base de nuestra vida; si perdemos la calle perdemos todas las batallas y se hace impensable lo que antes era cotidiano como montar una paradeta en las Ramblas. La fragmentación actual de luchas sociales no es un contexto para sumar fuerzas. Falta organización, "partido", algo de mínimos que nos agrupe si no seremos teóricos del mal rollo y calvinistas de la represión. Es simplista el discurso antiturista, formalmente dice lo mismo que el discurso antiinmigrante. La idea clave es la mercantilización, se ataca todo aquello que no da dinero. Las hogueras de San Juan están prácticamente prohibidas porque son gratuitas. Actividades varias, como un carnaval o una carpa en la universidad se hacen bajo el patrocinio y el ambiente de "carpa Movistar", fundiendo el espacio público con el comercial. Se quiere cambiar el modelo de turismo, el actual está saturado y deja poco dinero comparado con lo que desea la avaricia empresarial. Hasta las fiestas alternativas se mercantilizan porque son la gran oportunidad para financiar movimientos sociales, llegando los propios alternativos a expulsar lateros. En conclusión: es dinero, no civismo.

18.45 Merienda. Arroz negro y vichyssoise. Temperatura, 16 grados centígrados; humedad relativa, 90 por ciento; vientos fuertes del nordeste; estado de la mar, marejada.

19.00 Estaba prevista una discusión final plenaria, pero el cansancio mental y la digestión de tanta comida la desconvocan espontáneamente. Nos vamos a lo de Zana.

00.00 Me pongo el pijama, rezo mis oraciones y me acuesto pensando que mañana iré a desayunar churros. Para dormir, leo las memorias de don Soponcio Velludo, Cuarenta años en el catastro de Albacete. Temperatura, 21 grados centígrados; humedad relativa, 63 por ciento; brisa suave; estado de la mar, llana. Sin noticias de Gurb.

Y esto ha sido todo. A quien adivine los dos autores que cito en esta crónica, lo invito a un vermut.

martes, 27 de mayo de 2008

La amistad como forma de acción directa


Mornau realizó la película "Nosferatu, una sinfonía del horror" en 1922. Se trata de una adaptación de la novela de Bram Stoker con algunas diferencias significativas: el vampiro es el Conde Orlok, la acción no transcurre en Inglaterra y el mismo título de la película no es "Drácula". Mornau lo dispuso así porque no pudo conseguir los derechos de la novela, propiedad en aquel entonces de la viuda de Stoker. Esos pequeños cambios no fueron suficientes y, ante la evidencia de la adaptación, la viuda de Stoker interpuso un pleito y ganó: un juez resolvió que la película era ilegal y ordenó destruir todas las copias existentes. Por fortuna algunas copias se salvaron y permanecieron durante años escondidas en manos de particulares, y gracias a ellas hoy podemos disfrutar de una obra maestra considerada como la primera película de terror de la historia del cine.

Aquí cabe plantearse un pequeño dilema: lo ordenado por el juez, "lo justo", era que se destruyeran todas las copias, que la película dejara de existir; de hecho, no tendría que haberse rodado. Pero gracias a que Mornau desobedeció una ley sobre derechos de autor, y gracias a que algunas personas ocultaron copias y desobedecieron la orden del juez, hoy disponemos de una obra de arte que, de haberse cumplido con la legalidad, no existiría.

Si a cualquiera de nosotros nos preguntaran qué hubiéramos preferido, el cumplimiento de las leyes y no tener película, o el incumplimiento y disfrutar hoy de Nosferatu, creo que muchos escogeríamos sin dudar lo segundo. Planteemos la cuestión de un modo ligeramente distinto: dado que la existencia actual de copias de la película es consecuencia de varios actos de ilegalidad, para restaurar la justicia y para dar ejemplo, ¿deberían destruirse ahora las copias que se salvaron? Si hubiéramos de hacer caso a las campañas de propaganda de las entidades que se autodenominan defensoras de la propiedad intelectual tendríamos que responder afirmativamente. Por suerte, el sentido común nos indica otra cosa.

Hace ya tiempo que asistimos a una ofensiva legal y propagandística (ellos dirían "de concienciación") de entidades y asociaciones que agrupan a la industria audiovisual. Desde ese ridículo anuncio que debemos ver en los cines antes de la película ("ahora la ley actúa"), hasta todo tipo de demandas legales y cierres de sitios en la red, el último uno dedicado a escribir subtítulos de forma colaborativa y desinteresada. La ofensiva propagandística podría ahorrarse toda la moralina barata que destila y centrar de una vez la cuestión. El mensaje es: no tengas amigos. Puedes escoger entre ayudar a tus amigos e incumplir leyes de propiedad intelectual, o bien cumplir con todas esas leyes y renunciar a tener amigos. Parece un chiste, pero éste es el dilema que nos plantean. Hace unos días un amigo me visitó en casa y se puso a revisar la música y las películas que tengo; escogió unas cuantas que le gustaban y se las llevó para grabarlas. ¿Se supone que tendría que haberme negado ante tal acto de "piratería"? ¿Tendría que romper mi amistad con él? ¿Qué hago, dime, Ramoncín?

Si te interesan estas cuestiones, amable lector, estás invitado a participar en la jornada "Compartir dóna gustet" que tendrá lugar el 31 de mayo durante todo el día en Conservas, calle Sant Pau 58, Barcelona. Allí podremos meditar sobre el tema y decidir por fin si preferimos tener amigos y compartir nuestra riqueza con ellos, o bien si escogemos la misantropía y el aislamiento como mejor manera de garantizar el cumplimiento de la legislación vigente y los beneficios de la industria audiovisual.

¡Ay! quién me iba a decir a mí cuando de niño bajaba al parque a hacer amiguitos que algún día descubriría que tener amigos es ilegal. ¿Ilegal? Es revolucionario.

jueves, 15 de mayo de 2008

La reprise du travail aux usines Wonder




El vídeo que antecede no es ninguna ficción interpretada por actores. Es exactamente lo que dice el título: la vuelta al trabajo en las fábricas Wonder, en algún lugar de Francia. Mientras los trabajadores discutían en la entrada de la fábrica, alguien filmó este diálogo. Acontece al final del Mayo del 68, cuyo cuadragésimo aniversario se ha cumplido ahora. Visto por la gente que no vivimos los acontecimientos, y si hubiéramos de hacer caso a lo que narran los protagonistas bien situados ahora en puestos políticos o mediáticos, pareciera que Mayo del 68 fue básicamente una revolución hormonal. Una revolución centrada en romper tabúes sexuales, lazos familiares, disciplinas sociales, vínculos generacionales, un pequeño soplo de aire fresco en una sociedad encorsetada. Y poca cosa más. Pero fue mucho más, y es lo que este vídeo muestra. No se trató sólo de una revuelta estudiantil, sino que se enmarcaba en un ciclo de luchas obreras y huelgas generalizadas en toda Francia. Pero a las tres semanas de empezar todo, la clase política, la patronal y los grandes sindicatos pactan el final. En el vídeo se ve a dos delegados sindicales de la CGT francesa, uno de ellos se distingue por la corbata, intentando convencer a los trabajadores de que todo se ha acabado y entren en la fábrica. La chica joven, con expresión de asco y casi sollozando, viene a decir: "¡Yo no vuelvo ahí dentro!" Los delegados sindicales insisten todo el rato: es un buen acuerdo, suben los salarios un 10%, es una victoria, hay que saber cuándo parar una huelga, hay que ir por etapas (esto lo repiten mucho). El chico joven de la derecha, que no trabaja en la fábrica, dice que los sindicatos han traicionado a los trabajadores, que ese 10% lo recupera la patronal con la inflación y más cosas, pero es sobre todo la chica la que insiste una y otra vez: "yo no vuelvo ahí dentro", y describe la fábrica como una especie de cárcel de tristeza y miseria. Aunque no lo explicita, comprendemos lo que quiere dar a entender con su rabia y sus sollozos, lo que piensa más con las entrañas que con el cerebro: no nos hemos sublevado por un triste 10% de subida salarial, lo que queríamos era cambiar nuestras vidas, ¡yo no vuelvo ahí dentro!. Y los delegados sindicales dale que te pego: es un buen acuerdo, hay que ir por etapas, blablabla... Al final, alguien que parece el patrón o algún encargado suyo avisa que ya se puede entrar en la fábrica y los trabajadores, dóciles y en silencio, van entrando uno a uno. Esta escena se repitió en muchas fábricas de Francia aquel mismo día. Los delegados sindicales mentían a los obreros descaradamente: cuando proponían votar la vuelta al trabajo en una fábrica, decían que en otras ya habían decidido acabar la huelga, cuando no era verdad; en todas las fábricas repetían la misma maniobra. Estos diez minutos de filmación demuestran, mejor que ninguna historia escrita, lo que son estos sindicatos: bomberos prestos a apagar el fuego cuando el incendio corre el peligro de extenderse.

Esta filmación estuvo años perdida y se redescubrió por casualidad. A raíz del hallazgo se intentó localizar a todas las personas que intervienen para saber qué había sido de sus vidas 30 o 40 años después. Me dicen que, acabado el mayo del 68, acabada aquella situación de excepcionalidad, aquella explosión de libertad, hubo gente incapaz de resignarse a volver a la normalidad, al aburrimiento, al sometimiento y al trabajo, y que algunos se suicidaron ante la imposibilidad de renunciar al cambio que habían saboreado en sus vidas durante aquellas pocas semanas. De las personas de la filmación, la única que no pudo ser identificada ni localizada fue la chica joven. No se ha vuelto a saber nada de ella. Podemos suponer que no volvió al trabajo aquel día. Que se marchó y cumplió lo que decía entre sozollos y gritos de rabia: "¡Yo no vuelvo ahí dentro!".

domingo, 4 de mayo de 2008

Ecos de sociedad

Visitaba el otro día una conocida librería cuando me percaté, con perplejidad y cierto gozo, de que tenía una sección etiquetada como "Miscelánea". Con curiosidad repasé los títulos y ésto es lo que encontré: un libro sobre el cultivo de la marihuana, otro sobre huertos urbanos, un manual de tareas domésticas para hombres separados, una guía de tumbas y cementerios célebres de todo el mundo y un tratado sobre protocolo. Cogí el ejemplar que a priori parecía más interesante: la guía mundial de tumbas y cementerios célebres, pero lo devolví a su lugar decepcionado pues no contenía ningún tipo de ilustraciones que acompañasen el texto. Al salir de la librería, y mientras me dirigía a una cita con dos lectores habituales de este blog (y que son mucho más que eso, pero ésa es otra historia), meditaba sobre los hallazgos que había hecho y decidí que el más aprovechable era el manual sobre protocolo y buenas maneras. Como es sabido, en nuestra época se da un cierto relajamiento de las costumbres que ha provocado importantes cambios en los modos de sociabilidad, tema de estudio y de normatividad del protocolo, especie de pragmática del trato social. Así que, movido tal vez por el hado que dispuso mi encuentro con aquel libro de protocolo, me animo hoy a emprender un esbozo de investigación sobre las relaciones sociales.

Siendo fieles a nuestra particular manera de acercarnos a la realidad, que rehuye de toda sistematización y se complace en la recopilación del dato minúsculo y anecdótico, he decidido centrar este estudio de hoy en una cotidiana e inagotable forma de sociabilidad como es el hábito del cotilleo. Si tú, lector, eres partidario de las tesis de Heidegger, sería preferible que no siguieras leyendo, pues como ya sabes, el pensador del Ser abominaba de esta práctica del cotilleo, de las habladurías, del ansia de novedades, y consideraba que su práctica nos mantenía en la inautenticidad, inhabilitados para, en el silencio, plantearnos la cuestión de la pregunta que interroga por el sentido del Ser. De todas maneras, a riesgo de parecer osado, voy a cometer el atrevimiento de contradecir a tan gran pensador y me permito sugerir que tal vez su juicio acerca del ansia de novedades y la habladuría fue demasiado severo. Pues si es verdad que ser-ahí es ser-con-los-otros, y que el lenguaje es la morada del Ser, ¿qué mejor fenómeno que el cotilleo para estudiar simultáneamente el ser con los otros y el lenguaje, que en este caso habla de los otros? Sí, el cotilleo habla de los otros y de cómo son las vidas de los otros, y es el momento en que el lenguaje comienza a desplegarse más allá de su uso estrictamente práctico y utilitario. Y, en todo caso, tenga en cuenta nuestro posible lector heideggeriano que no es tan importante qué sea el Ser, sino qué hacemos con nuestras vidas, y para eso usaremos hoy el cotilleo como herramienta de investigación.

Cotillear consiste en hablar de la vida más o menos privada de terceros, y hablar más bien mal. El escenario en que tiene lugar esta actividad ha ido cambiando a lo largo de la historia. Actualmente, por ejemplo, suele hacerse en la televisión, a cargo de unos profesionales especializados en esta tarea. En otras épocas era una actividad más autogestionada y se realizaba en lugares donde la gente coincidía de forma cotidiana. Por ejemplo, en la imagen que encabeza este texto, podemos ver uno de tales sitios. Se trata de una letrina pública de la época romana, en la ciudad de Ostia. Todos hemos visto películas donde personajes romanos hacen vida social en las termas y discuten los importantes asuntos del Senado mientras se bañan o reciben algún masaje. Pero por evidentes razones estéticas y de decoro, el cine nos ha escamoteado que las letrinas públicas eran también un lugar donde hacer tertulias y relacionarse con los vecinos. Sólo las familias adineradas dispondían de retrete privado, las clases populares debían acudir a las letrinas públicas, y nunca mejor dicho, porque defecaban en público. Como se aprecia en la imagen, no había cabinas individuales, sino salas comunitarias con bancos de piedra dotados de unos orificios a intervalos regulares que ya podemos imaginar para qué servían. Por debajo del banco de piedra transcurría una canalización de agua apropiada para evacuar las deposiciones y, en la foto, todavía es perfectamente visible el canalillo que transcurría a los pies de los defecadores. Por ese canalillo discurría agua y los funcionarios públicos depositaban allí unas esponjas que servían para limpiarse, y que eran también de uso comunitario. Podemos imaginar el ambiente del sitio, con gente entrando y saliendo, y las conversaciones que podrían tener lugar allí, a veces entre vecinos de asiento, a veces tertulias generales donde participaría toda la sala.

El otro día, durante la cita con mis dos lectores, tras plantearnos brevemente la cuestión de la pregunta que interroga por el sentido del Ser, y declarándonos incapaces de arrojar nuevas luces sobre el tema, convinimos en entregarnos a habladurías y cotilleos. Aunque el escenario donde tuvo lugar este encuentro fue la terraza de un bar y no una letrina pública. Guiado por un espíritu introspectivo y de autoexploración, me dediqué a contar un cotilleo que había llegado a mis oídos, en lugar de observar pasivamente las habladurías que pudieran proferir mis dos contertulios. El caso que narré es el siguiente:

Parece ser que unos días antes, en cierto bar de esta ciudad conocido también por sus actividades culturales, se hallaba presente una pareja en actitud amorosa. De repente, de entre la multitud, aparecieron unas chicas que atacaron al elemento masculino de la pareja alegando que estaba cometiendo una "agresión sexual". La supuesta agredida adujo que no era tal el caso, que eran pareja y que su proximidad no se debía a acoso ni agresión alguna. Finalmente la pareja incomodada de esta manera abandonó el local.

Esta habladuría, que supongo cierta en términos generales, me ha resultado especialmente cómica en primer lugar por lo esperpéntico del caso, y segundo porque ya tenía noticia de la actuación de este grupo que lo que más me evoca es a esas llamadas "patrullas vecinales" que a veces aparecen en barrios especialmente degradados; incluso conozco personalmente a alguna víctima de sus correrías anteriores. Desconozco cuál pueda ser la ratio de aciertos de esta patrulla, aunque la anécdota narrada y el caso conocido por mí no me hace augurar un balance exitoso. Por otro lado, sospecho que ciertos principios de procedimientos judiciales, como presunción de inocencia, verificación de pruebas, derecho a una defensa, apelación, proporcionalidad de la pena impuesta, prescripción, agravantes y eximentes, acusaciones en falso, etc, no forma parte del ideario de ese grupo. Más bien imagino que conciben el linchamiento como una forma de democracia directa (según escoliastas orales a Toni Negri en un seminario sobre Poder Constituyente). Hace unas semanas, en otro bar de ambiente parecido al que acogió la anécdota narrada, unos amigos me señalaron discretamente la presencia de una miembro de esta patrulla, pero parece que ese día no estaba de servicio. Debido a que corro un cierto peligro de coincidir con este cuerpo parapolicial, y visto que mi carencia de antecedentes en materia de agresiones sexuales no es ninguna garantía, sería de desear que emitieran un comunicado aclarando qué locales y zonas consideran bajo su "jurisdicción", y si los dueños de esos locales están de acuerdo. Así podría decidir si voy o dejo de ir a ciertos sitios. Mientras tanto, y como medida de protección, recomiendo a mis lectores masculinos llevar siempre un pequeño bote con algo de harina dentro y etiquetarlo con la leyenda CsBr, es decir, bromuro de cesio, pues estas sales tienen efecto sedante y se decía que se las daban en las comidas a los soldados españoles durante el extinto servicio militar para aplacar su líbido. Al llegar a un local de riesgo a donde acudes para ver la actuación de un amigo poeta, por ejemplo, puedes sentarte en la barra, pedir una cerveza, sacar el bote de supuesto bromuro manteniéndolo bien visible y pedir a todas las mujeres que se mantegan alejadas de ti como si se temiera en el local una inminente redada de la policía religiosa saudí. O eso, o que se pongan uniforme y lleven placa de identificación cuando estén de servicio las agentes de este somatén.

Animado de espíritu de empresa, y con el ánimo de que aprovechen las oportunidades que ofrece Barcelona a los emprendedores, me atrevo a proponer a estas personas que regularicen su actividad siguiendo la estela de la acrisolada tradición comercial catalana. La propuesta es muy sencilla: fundar una cooperativa y cobrar por lo que hacen. Hasta ahora se han dedicado a propinar palizas a supuestos agresores sexuales, a veces reales, a veces imaginarios, a veces sí pero no era para tanto, etc. Pero, ¿han pensado en la cantidad de hombres que no sólo no protestarían por recibir la paliza, sino que pagarían por ello? El vicio inglés creo que lo llaman. No sería mala promoción: pasar de agente parapolicial a dominatrix, ofrecer un servicio a honrados padres de familia y estresados hombres de negocios que necesitan el desahogo de un buen correctivo, y encima cobrar por ello. Si se deciden a emprender esta nueva actividad, que tengan en cuenta que no todo vale, como hacen hasta ahora, y aunque estén zurrando al cliente, éste no deja de ser cliente y merece unas ciertas atenciones que sus represaliados no reciben. No vendría mal que antes de empezar estudiaran algo de protocolo y buenas maneras en este sitio.

Bien, queridos lectores, hasta aquí el caso. Como podrán apreciar, un buen cotilleo debe ser real, truculento, esperpéntico y polémico. A partir de su estudio será posible profundizar en la condición humana e investigar la naturaleza de nuestras instituciones sociales. Y antes de terminar, aprovecho para exhortar a nuestras paramilitares a que renuncien a la práctica de la Ley de Lynch, no creo que sea una aplicación válida de la democracia directa y ante la falta de garantías con que ejercen su ministerio, resulta peor el remedio que la enfermedad. A ver si puedo dejar de ir a ciertos locales con el frasco de bromuro por si a caso; no quiero que mi vida social y lúdica se reduzca a fiestas tan poco atrayentes como la que pueden ver a continuación.